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sábado, 14 de septiembre de 2013

Madrid

Madrid, Madrid, Madrid. Te dejo para quizá no volver.




Eres una amante exigente, un lugar en donde la vida es casi un milagro, sin apenas recursos naturales que la propiciaran. Eres una amante rebosante de vida y energía. Múltiples personas deambulan por tu superficie y tus kilométricas y motorizadas entrañas, pero muy pocas llegan a tu corazón. Personas que llegan y se van todos los días. Que van y vuelven a una determinada parte de tu anatomía, a veces, todos los días; a veces, tres días a la semana; a veces, una sola vez en el mes, el año o el trienio. Personas que se han visto crecer entre paseos a La mallorquina, visitas a los jardines de Sabatini, domingueos en el templo de Debod y noches de alcohol y desenfreno en los bajos de Argüelles, Malasaña, Hortaleza… Personas que han visto la libertad de amar y la valentía de los que se atrevieron a  hacerlo en Chueca en primer lugar y luego en el resto de la capital.
             Madrid, Madrid, Madrid, eres capital en todo y centro de los pecados capitales también. Eres capital del pecado de la lujuria, pecado que me hace insaciable devota de ti y tus calles, de ti y tu mezcolanza de aromas, idiomas, culturas y personas. Insaciable devota de tus calles bullentes de vida que no duermen nunca, de tus noches en blanco y de tus noches de música a tope hasta que retumba el cerebro. Insaciable devota de tus calles abarrotadas de mesas, sillas, cervezas, tapas, turistas y autóctonos que las pueblan zumbando y parloteando al ritmo que permite la gran ciudad.
           
Capital del pecado de la gula, me convierte en una insaciable devota del sabor de Madrid con mayúsculas: el café con leche del bar de siempre servido por el camarero de toda la vida; prototipo de camarero de camisa blanca, pantalón negro y algún que otro kilo de más. De los bocatas de calamares de la Plaza Mayor. De los churros con chocolate a horas más que intempestivas en San Ginés. De las napolitanas de chocolate de La mallorquina. De las aceitunas que te sirven de aperitivo. Del pincho de tortilla que, ocasionalmente, acompaña el café de media mañana. De las raciones de chopitos y de croquetas.
      Capital del pecado del orgullo, pues sus calles son en donde conocí la libertad de ser y ellas despertaron dicho sentir en mí.     
        Capital del pecado de la envidia, pues mucho se envidian sus habitantes entre sí, mucho envidian al mundo y muchos habitantes del mundo envidian a la ciudad.
        Capital del pecado de la pereza, pues el duro estío trae este pecado aparejado con cuarenta grados a la sombra y el asfalto semiderretido adhiriéndose a tus suelas.
       Capital del pecado de la ira, pues lo que algunos gobernantes hacen contigo, Madrid querido, clama al cielo. Capital del pecado de la ira también por ser objeto de las iras de nuestros compatriotas, al ser capital administrativa del Reino de España y sus desmanes económicos…

Y por último, capital del pecado de la soberbia, pues te yergues soberbia como todo buen españolito. Sin apenas nada, pero creyendo tenerlo casi todo.

martes, 3 de septiembre de 2013

Don Juan

No más insatisfacciones.
           La soledad del Don Juan, el vacío interior y el vórtice espiritual. Los que atraen a mucha gente a su alrededor y cama se creen dioses... Pobres ilusos, pues sufren la peor condena de todas: la condena a la insatisfacción eterna. Nada les llena ni les basta, todo es vano y vacío, y sus semanas son solo sucesiones de días repletas de completos desconocidos en su cama. Compartiendo almohada con vaya usted a saber quién y un agujero negro retorciéndose sobre sí mismo en su pecho. Eterno vacío. Eterna insatisfacción y desazón por ello.


            Si lo hubieran probado, lo cambiarían todo. TODO por una pizca del amor del de verdad. El que hace que tiembles cuando piensas tan sólo en el hecho de ver a esa persona marcharse por una puerta... para no volver más. El que te hizo florecer aunque fuera efímeramente y luego te dejase marrón y arrugado. El que te dejó sin aliento la primera vez que oíste esas dos palabras que detienen el tiempo y el latir de los corazones.
             El que te hizo sentirte tan humano como se pueda ser y de cálido sentimiento te inundó.

viernes, 3 de mayo de 2013

viernes, 15 de febrero de 2013

Lupo

Llevaba días caminando. Sus pisadas ni iban ni venían de ningún lado. Eran tan sólo una sucesión de infinitas marcas personales que serían borradas con la caída de un nuevo manto blanco. El silencio era sobrecogedor. La nieve que recubría ese inhóspito desierto de hielo actuaba como un agujero negro, absorbiendo todo sonido de vegetación o vida y redoblando la sensación de muerte.
    No perseguía un fin concreto atravesando el desierto de hielo. Era un viejo elefante que se apartaba de su mundo para abandonar el mundo de la misma manera en que entró en él: solo. Sus pies marcaban el rumbo con cansancio, esperando el momento en que uno fallara y ya no pudiera volver a levantar. Y quedara yaciendo sobre la nieve como una mancha de su inmaculada blancura.
   
    Su aliento se congelaba en sus pestañas, empeñado en hacerle abandonar el mundo tal y como a él vino: ciego, el frío rigidificaba sus articulaciones y cada vez más, el calor abandonaba su cuerpo.                     Cayó pesadamente en la nieve con un ruido sordo que nada ni nadie oyó salvo los pinos y abetos circundantes. Su cabeza reposaba en la nieve, exenta de todo dolor o cansancio físico. Esperaba imperturbable que la muerte, como buena dama que era, le diera un último abrazo amoroso antes de llevárselo acunándolo en sus brazos guadaña en ristre.

    Entonces lo vio acercarse desde su inmutabilidad. Se acercaba lentamente, con la cruz moviéndose al ritmo de sus pasos. Era el rey de aquel paraje. Con las orejas en ristre y el porte orgulloso hacía su entrada triunfal. Restos de sangre cubrían su hocico y cuello, un olor penetrante emanaba de él, tanto más intenso cuanto más cercano estaba.
    La nieve empezaba a cubrir sus piernas con una capa de hielo fina como el azúcar glaseado. Su cerebro observaba con curiosidad lo que podría ser su causa de la muerte mientras su instinto de conservación mandaba señales de alerta roja para que se pusiera en movimiento.
   Finalmente, ahí estaba. El aliento pestilente le golpeaba las fosas nasales y la cara como una racha de viento cálido y pútrido. Su mirada le estudiaba con cautela, unos ojos ambarinos que se clavaban en sus pupilas como dagas. El pelaje era pardo y grisáceo, tupido y lustroso como recién engrasado. Sus patas eran dignas de un oso y pisaban su capa con arrogancia. Su vida dependía de sus colmillos y garras y de cuanto hubiera pasado el gigantesco lobo sin catar una presa fresca, una presa con sangre aún corriendo por las venas cuando eran devoradas.
    Sintió las oleadas de aliento que exhalaba el hocico del animal mientras olfateaba su cuerpo y le invadió una sensación a medio camino entre la tranquilidad de saber que iba a morir de cualquier manera y la desazón, por no saber si llegaría a tener que sentir el desmembramiento o no. Cerró los ojos cuando sintió el aliento en el cuello. Se aproximaba su fin. Su corazón empezó a latir con violencia y todo su cuerpo se puso en tensión sin que pudiera evitarlo, aguardando lo inevitable.

    Sin embargo, su cuerpo fue lo suficientemente clemente para detener su corazón súbitamente y no dejarle apenas sentir como la bocaza del lobo, con sus imponentes colmillos, se abría y los dejaba relucir sobre la nieve antes de hundirse como agujas de hielo en su yugular. La vida se le escapó a borbotones dejando tan sólo su capa y una gigantesca mancha roja en su lugar. Vino solo a este mundo, vivió como un lobo solitario y ahora, un lobo solitario se cobraba su vida, como él se había cobrado otras tantas en el transcurrir de su vida.

Lupo era su nombre, y siempre había carecido de destino.

 

viernes, 4 de enero de 2013

Descripciones (I)


El arpón atrapa sueños
Es calificado como objeto decorativo mientras adorna una balda de salón. Mide no más de veinte centímetros de largo, con tres de grosor y un estrechamiento progresivo que llega hasta el pico curvo, diseñado para aferrarse al objetivo y no soltarle. En este arpón, el pico tiene dientes de sierra que hacen patente esta finalidad.
Habitualmente, está compuesto por dos partes: un mango de hueso tallado a partir del fémur de una pantera y una flecha hecha de platino. En este arpón, además de estar rematada en sierra la flecha, tiene ribetes plateados que configuran filigranas a lo largo y ancho del mango. El hueso está tallado con relieves de espumas marinas, tritones, sirenas y peces casi en su totalidad. El lugar honorífico del mango está ocupado por Poseidón, dios griego del mar, tallado con todos los detalles imaginables.  La flecha no tiene un color definido, es iridiscente y cambia de color con los cambios de luz.
 Puede ser usado por cualquier persona, sin distinción de razas, sexos o sexo con el que se acuesten. Dejar fuera del alcance de niños menores de doce años; su uso inadecuado puede producir lesiones. Empléese preferentemente cuando el durmiente se encuentre en fase de sueño profundo, cuidando de acertar al sueño y no al yaciente accidentalmente.
Láncese contra la neblina onírica que flote en el entorno del durmiente, recoja el arpón cuidando de no desgarrar el sueño al desincrustarlo de los dientes de sierra e introdúzcalo en una botella. Respire el sueño de la botella para repetirlo. Precaución, los sueños excesivamente desgastados causan intoxicación leve.


Decoración exótica
Parecía un simple objeto de decoración que cogía polvo en la balda del salón. Alargado como un pequeño machete, con un estrechamiento gradual que desembocaba en un pico curvado y unos dientes de sierra afilados, pero exquisitamente delicados, que lo convertían en un objeto ciertamente deslumbrante. Es evidente que los dientes sirven a una finalidad obvia —no soltar la presa—, pero me preguntaba qué podían aferrar en un hábitat tan poco propicio a la caza.
Lo examiné muy atentamente y descubrí que no era un todo como había imaginado, sino que tenía una minúscula juntura entre el mango y la flecha. La flecha, a mi inexperto ojo, parecía hecha de platino y su superficie refulgía y cambiaba de color con cada rayo de luz que recibía. Era, sin duda alguna, el objeto más bello que había contemplado.
Impresión que se vio reforzada al contemplar el mango. Presumiblemente hecho de hueso, estaba tallado con relieves en su totalidad. Eran de lo más variopintos, desde espuma de olas —rotas— con regusto de amargura pasando por tritones, sirenas y peces que inspiraban libertad. Todo ello sazonado con unos preciosos ribetes plateados que tejían filigranas entre los seres marinos. Tuve que rotar el arpón un poco para poder observar al Poseidón que estaba tallado en el lugar honorífico del mango. Era una figura tan exquisitamente tallada que podía sentir como sus mudos ojos me traspasaban, me imbuían de un regusto de poder más antiguo que el propio tiempo. Y me hizo recordar la utilidad de tan particular objeto: cazar sueños para poder volver a soñarlos.
Ningún requisito para atrapar sueños salvo puntería y madurez para ello. Tan gelatinosos como los peces y tan difíciles de pescar como estos. Tan fácilmente almacenables y tan fácilmente corrompibles e intoxicantes como sus escamas. Por eso tenía semejantes dientes el arpón, para retenerlos bien fuerte.



martes, 2 de octubre de 2012

Hoy se ha levantado con ganas de tocar, con ganas de hacer brotar música celestial de su instrumento favorito: la mujer con la que se levanta cada mañana. Se aproxima a ella con la cautela de un músico experimentado que sabe que un desafine le sucede al más pintado y posa sus palmas en sus hombros, acariciando músculos y tendones para atemperar su peculiar viola. Y entonces sus manos son poseídas por el frenesí musical, sus dedos se tornan arcos de inverosímil precisión capaces de arrancar la más intrincada filigrana de notas,
Suavemente rasguea su cuello, el surco entre sus pechos, sus caderas y su pubis, consiguiendo una bella melodía armonizada con la percusión de sus corazones y el viento de sus respiraciones que, mezclada con los dos lenguajes más universales unidos, componía la más bella sinfonía componible: la del amor.
La almohada acogió los silenciosos estruendos del fin del primer acto mientras ella, exhausta, sonreía como el director satisfecho que ha dirigido a la orquesta perfecta.



sábado, 1 de septiembre de 2012


Einstein era un genio. Lo dijo en su día aplicado a una teoría de la relatividad bastante incomprensible a todo particular ajeno a la física y sigue estando vigente: Todo es relativo.
Nosotros hemos hecho de esa frase lo que hemos querido y me parece pintoresco que no hayamos hecho lo mismo con Kant y sus teorías acerca de la percepción y categorización del mundo de acuerdo a doce supuestos (perdonadme si me falla la memoria, pero pecar de sabelotodo con google me parece aún peor). Pero eso es otra historia y, además, bastante menos conocida por lo general.

A lo que iba. Todo es relativo, el tiempo no es uniforme y lo organizamos de acuerdo a nuestra percepción temporal porque es imposible que un cerebro registre un hilo cronológico al dedillo y sin omitir detalle. Creo que nos explotaría la cabeza si nuestro cerebro no lo procesase a su manera.

Por lo tanto, a primera vista seis años no son muchos años comparados con una vida, pero aquí entra en juego la percepción del tiempo. El ser humano tiene el período de maduración más largo del mundo animal (llamado adolescencia, a cuya etimología le dedicaré un post algún día de estos porque me parece muy interesante), entonces ¿qué pasaría si a un hombre o mujer se le quitasen digamos seis años de ese lapso? Consecuencia devastadora ¿no?.

En el mejor de los casos lo aprendería o volvería a aprender todo de nuevo, en el peor quedaría en estado de niñez perpetua.
¿Y la tercera opción? Inquietante es. Quedaría como adulto perpetuamente mutilado. Preguntándose que fue de aquella parte de sí mismo que ya no es para que fuese lo que ahora es. 

lunes, 14 de mayo de 2012

Por amor...





Por la persona a quien más quisiese me dejaría la piel en los caminos de la Tierra Media comiendo pan de lembas y durmiendo con Dardo para vigilar a Gollum; encontraría a Buckbeak para que esa persona lo montase porque sabría de sobra que el hipogrifo le devolvería la reverencia; encontraría la puerta a Narnia para darle todo un mundo en el que volar a lomos de él y que descubriese por accidente la Tierra de Nunca Jamás -que está todo recto y a la derecha mirando al amanecer- y la Isla de los Niños Perdidos para no tener que crecer jamás.                                                                                                                                                
                       «¿Y si aún dudases de que te quiero?»                                                                   


Pondría una mandrágora bajo su almohada y dos gotas de felix felicis bajo su lengua para quitarle las pesadillas; usaría mi gëdwey ignasia para sanarlo aunque me fuese la vida en ello porque sin esa persona más me valdría reposar en una tumba de diamantes llorados por Saphira que vivir como los que les han mutilado su daimonion o Jinetes sin dragón.

Pero sobre todo construiría un millón de ficciones tan maravillosas como las existentes para transportarlo al Edén de la imaginación, donde no se envejece ni se muere porque las historias viven mientras hay quien las recuerda.

sábado, 24 de marzo de 2012

Tópicos

Sudaca, moro, chino, panchito, guachupino, perucho, negrata, gordo, bola de grasa, seboso, gafotas, cuatro ojos, tapón, barrilete, retaco, cerebrito, empollón, maricón, marica, comepollas, locaza, bollera, leñadora, camionera, marimacho, tortillera, lamecoños, conejera, invertid@s, desviad@s... Sin olvidar bujarra, bujarrón, flor y derivados.
Latin, arab, chinese, (..........................), nigger, fattie, smarty-pants, four-eyed, nerd, faggot, queer, twart-lover, cocksucker, tomboy, dyke, fairy, diverted...

Y -más o menos- aquí tenéis una lista en dos idiomas de todos los odios y/o prejuicios que pueden acompañar a alguien durante su infancia y adolescencia. Demostrando que el problema es del que mira y de la estupidez humana.

Pd. "El hombre disfruta la felicidad que siente, la mujer la que ella da." Pertenece a una película bastante conocida, ¡a ver si os suena!

domingo, 19 de febrero de 2012

La melancolía es un licor bien caro

La noche era fría pero muy clara, la típica noche en la que no podía dormir mientras a su alrededor el mundo hibernaba. No hay nada peor que una noche en la que no puede dormir porque la soledad se convierte en un cobertor de cama más que no abriga y agobia...

Se sienta enfrente de la ventana, entra la luna y la ilumina con su claridad tanto que ve su reflejo en el cristal. Agarra la botella que descansaba encima de la mesa y trago a trago la vacía, vertiendo de ella su rencor. De soledad se llena a medida que la botella se vacía, mientras, su reflejo la observa.

Convirtiéndose en dolor, criatura más oscura cuánto más ajena la sentimos... Y ello va aguzando cada vez más su punzante presencia hasta que no hay nada salvo asaeteante negrura que la Luna no degrada  (faro de calma y melancólico consuelo) y penetra y muerde los poros de su piel como rabiosos canes mientras burlonamente ríe en el reflejo.

Se siente acuchillar por un millón de dagas plateadas frías y letales y oye su pulso resistiendo, rugiendo vida en sus orejas y luchando por vivir aún involuntariamente, pero se va paralizando, ralentizando... y todo es negro y denso como el hollín.

Despierta con la claridad del Sol que ha venido a rescatarle de las sombras negras como el tizón, porque los ellos grises y malévolos no existen en ésta multicolor realidad...

viernes, 30 de diciembre de 2011

Manifiesto para el 2012

Para este año entrante no quiero nada. Nada salvo fortaleza, nada salvo justicia, nada salvo libertad.
Fortaleza para resistir unos recortes que hundirán en el cieno un poco más a la población y engordarán un poco más las cuentas de quienes menos lo necesitan. Fortaleza para no enfermar gravemente por la falta de medios que habrá, fortaleza para encontrar una luz por la que mirar al cielo y esperanzarme, fortaleza para vivir las pequeñas cosas del día a día con la mayor felicidad posible. Fortaleza para no hundirme y mantener a flote conmigo a los que me rodean y seguir luchando por lo que considero justo.

Justicia para los desahuciados, justicia para los parados, justicia para l@s viud@s, justicia para los jubilados y justicia para los jóvenes.
Justicia en los salarios, justicia en el reparto, justicia con horma de ciudadano.
Justicia ciega pero no demente.

Libertad para expresarme tanto virtual como físicamente, libertad en la Red como expresión máxima de una verdadera democracia participativa y no como red de distribución privada en manos de un modelo de negocio obsoleto de derechos de autor.
Libertad para protestar sin ser brutalmente agredido, libertad para  tirar abajo todo aquello que nos sea perjudicial, libertad para tirar muros a cabezazos para abrir nuevas ventanas, libertad para luchar por tu propia verdadera libertad.
Libertad para marcarse unas metas y conocerse a uno mismo, luchar por ellas sin ser por ello descalificado o tachado de soñador. Libertad para poder ser tachado de irreverente para no ser otro cordero camino del matadero.
Libertad para declararme persona ante todo y no me sean arrebatados derechos por ningún motivo. Libertad para ser.

lunes, 17 de octubre de 2011

Cenas ajenas.

Decenas de ventanas iluminadas relumbran en la noche, aquí y allá se observan los rayos de luz azul de las modernísimas televisiones de plasma que presiden los comedores y cocinas.
Sólo prestan atención a la 'caja tonta', que es lo único que les une junto al plato en la mesa. Presiden los comedores y salones, y el silencio flota como una niebla gris en el ambiente.
¿Cómo descifrar el morse de sus televisiones?, ¿cómo saber que interpretan?, ¿cómo romper su 'intimidad' que no es sino incomunicación?...
De repente una niña se gira, sale de ese mundo de color y luz por un momento y reluce un efímero instante antes de ser atrapada de nuevo en sus redes plásmicas y marchitarse.

Brilla el morse en medio de la niebla gris.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Compressed memories


Adoro leer. Toda mi vida he adorado leer, infinitas evasiones a infinitos lugares con tan sólo mover un dedo, ni Internet hace eso...
A veces creo que podría resumir mi vida en libros, y no porque haya ido atravesando etapas con ellos (que también) sino porque cada libro que he cerrado se ha llevado prensado entre sus páginas un trocito de mí. Cada libro que he cerrado tiene recuerdos entre las páginas prensados, y con un barrido de vista puedo recordar.
Hasta tal punto que hay veces que experimento un déja-vu al recordar como me sentí al leer tal pasaje o tal libro  al sentirme exactamente igual. 
Ahí reside una de las grandezas de las letras, las emociones no mueren aunque sus autores lo hagan, he leído libros cuyos autores llevan muertos siglos y no por ello la savia que destilan sus páginas y humedece el alma se ha secado.

¿Y cuándo no quepan más libros? Los desempolvaré periódicamente de sus cajas para que me traigan una vez más ese soplo de historias y recuerdos que ya tuvieron su momento...

martes, 5 de abril de 2011

El aire bulle con las burbujas de mis sueños.
No saben que jamás ascenderán.
Que están condenadas a reventar o
a no nacer jamás llevadas por el viento a contra flores estrellar.
Una rosa con espinas, un hibisco aún no en flor.
Te sonríen desde fuera con veneno en su interior.

Son como adormideras, anestesian la ilusión.
Mi razón sufre de asfixia.
Rozo la depresión.

Y así es como liman las ganas de la juventud, disfrazando de ignorancia su enorme ineptitud.

jueves, 31 de marzo de 2011


Sintamos.
Veamos amanecer en un parque.
Tumbémonos en el césped.
Sintamos el rocío contra nuestra piel.
Sintamos el agua en nuestros cabellos, empapándonos de ingravidez.
Sintamos que no hay nada más importante que este momento, este momento en el que sólo estás tú a mi lado,
tú y tu maravilloso pelo, tú y tu maravillosa espalda, tú y tus maravillosas palabras.
Sólo sintamos, no importa nada más que lo que estamos viviendo.
Seamos honestos, vivamos de acuerdo a lo que creemos.
No dudemos. No lo merece.
Sencillamente sintamos; esta noche es nuestra,
una noche entera para disfrutar la ingravidez en tus caderas.

domingo, 7 de noviembre de 2010

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Si quieres felicidad no la debes buscar en el fondo de las botellas, quizás te extravíes a ti mismo en el intento.



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viernes, 29 de octubre de 2010

Reflexiones salidas del fondo de una botella

Beber y olvidar,
todo es empezar.

Pero las penas no se ahogan,
las muy putas son de corcho
(o saben nadar).

Todo cambia y el cambio es la única constante,
lo único que permanecerá.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Instantáneas

Ahora hacer fotos se ha banalizado, antes tomarse una fotografía era todo un acontecimiento, las mejores galas, expresión adusta y solemne... Hoy en día, que cualquiera tiene una minicámara digital en el bolsillo, esto ni se le aproxima remotamente, salvo en acontecimientos familiares como bodas, bautizos... que sabemos que esas fotos son más importantes. Ahora, apenas se imprimen fotos, y las que se imprimen se guardan con mimo y cuidado  como oro en paño, apenas unos momentos congelados de todos los que se vivieron.

Porque las fotos sustituyen cada vez más a la memoria reciente, no hay más que ver el éxito de la red social llamada Tuenti, en ella vamos colgando las fotos de fines de semana, viajes... y a golpe de click tenemos años resumidos en fotografías, en momentos congelados...
Una manera de no olvidar cada momento feliz pasado en compañía de aquellos que quieres o quisistes en su momento, después lo extremo es el caso de los que usan las fotos a modo de crónica de lo que hicieron la noche anterior porque no se acuerdan debido a los excesos varios cometidos, grave a mi juicio.

Yo tengo una política distinta a la hora de hacer fotos, si hay algo bonito que ver, le haré una foto, o quizás no y tan sólo me deleite en su contemplación, impregnándome, empapándome en ello, fijándolo a mi memoria para recrearme en ello siempre que quiera, a veces los mejores instantes son los que no se capturan, los que flotan como pompas de jabón, efímeros y frágiles pero bellos en su delicadeza... Además, a veces, se hacen fotos de las que te arrepentirás, porque recordarás lo malo que se capturó en esa foto y te enfadarás cada vez que la veas, mientras que si no hubiese foto, tu memoria se encargaría de limar las aristas y dejar un recuerdo suaaave, suave como un cristal traído por la marea.

En fin, que abusamos de las fotos porque aspiramos a lo imposible, que es preservar instantes de tiempo congelado, algo a todas luces imposible mientras el tiempo siga siendo ese flujo invisible e imparable que con su fluir se lleva nuestras vidas...
Un saludo de alguien que prefiere los cristales traídos por la marea.

martes, 7 de septiembre de 2010

Fears

Hace ya un tiempo tuve una conversación de lo más particular con una amiga, no sé si de verdad o sólo de paso por mi vida, y hablábamos de lo que nos asustaba, nos daba pavor; siempre salen los miedos típicos, a la oscuridad, a volar, a las arañas... pero hizo falta un lapso para que yo me diese cuenta de que nos faltaba uno, el innombrable, que no se nombra con la esperanza de conjurarlo o hacer como que no existe si no es verbalizado: el miedo a la soledad.
Porque reconozcamoslo, tenemos mucho miedo a la soledad, a un día despertar, tener un problema y no tener a nadie que esté dispuesto a compartirlo o al menos a escucharlo, a caer a plomo privados de la 'red' de seguridad que suponen nuestros lazos con los demás, a esa sensación de vacío interior cuando no hay nadie que te respalde... como si mirases por encima del hombro y descubrieses repentinamente que ese espacio está vacío, yermo, con la típicas pelotas de hierba seca del oeste rodando por ahí y dando tumbos.
Nos asustan muchas cosas y aunque no lo reconozcamos nuestro mayor miedo es admitir que tenemos miedo y eso nos haga vulnerables.

lunes, 23 de agosto de 2010

Baila corazón, baila

Aquí va uno de los 'poemas' que he escrito, inspirado por una velada pasada junto a una hoguera.

Sus manos de cenizas llenas.
Sus ojos llenos de estrellas
y fuego relampaguean
en esta noche de brujas
que brilla la luna llena.

Los pies golpean el suelo
al son de cada corazón.
Bailarines somos presos
de esa mágica sinrazón
en la cual nuestra consciencia
se apaga como una vela,
dando paso al 'yo' salvaje
que, libre de sus cadenas,
mueve con frenesí nuestras
aturulladas piernas...

El éxtasis ha pasado,
me derrumbo como un fardo.
No sin antes intentar
asirme a tu antebrazo.