No más insatisfacciones.
La soledad del Don Juan, el vacío interior y el vórtice espiritual. Los que atraen a mucha gente a su alrededor y cama se creen dioses... Pobres ilusos, pues sufren la peor condena de todas: la condena a la insatisfacción eterna.
Nada les llena ni les basta, todo es vano y vacío, y sus semanas son solo sucesiones de días repletas de completos desconocidos en su cama. Compartiendo almohada con vaya usted a saber quién y un agujero negro retorciéndose sobre sí mismo en su pecho.
Eterno vacío. Eterna insatisfacción y desazón por ello.
Si lo hubieran probado, lo cambiarían todo. TODO por una pizca del amor del de verdad. El que hace que tiembles cuando piensas tan sólo en el hecho de ver a esa persona marcharse por una puerta... para no volver más. El que te hizo florecer aunque fuera efímeramente y luego te dejase marrón y arrugado. El que te dejó sin aliento la primera vez que oíste esas dos palabras que detienen el tiempo y el latir de los corazones.
El que te hizo sentirte tan humano como se pueda ser y de cálido sentimiento te inundó.
martes, 3 de septiembre de 2013
martes, 30 de julio de 2013
La belleza está en el interior
Te dicen continuamente
que la belleza está en el interior. Que lo importante es que crezcas fuerte,
sano y responsable como buenos adultos que se supone que deben ser. Te dicen
eso mientras miran el último grito en dietas milagro o hablan de lo gordos que se
están poniendo con una lata de cerveza o una copa de vino en la mano y un trozo
de pan en la otra.
«La belleza está en el
interior», pero «¿dónde vas con esa facha? ¡Ni se te ocurra!» y «qué
arrugas más feas, compraré una crema anti-aging, anti-manchas,
rejuvenecedora-lifting over 9000».
La belleza está en el interior,
pero vigila qué comes para no engordar y dejar de ser bella (de acuerdo a los
actuales "cánones"); no bebas por la misma razón y porque "no es
de señoritas"; no duermas poco, que las ojeras te afean; no fumes, porque
perjudica y te arruina los dientes (con lo que afea eso); cuida de que no te
salgan manchas, que afean mucho. Y así ad infinitum.
Critican famosas, parientes, amigos... que han engordado, envejecido o sencillamente, se han afeado. Rara vez dirán que tienen un pensamiento o un cerebro "sucio" (ya sean ratas de alcantarilla), pero ese resto de comida entre los dientes queda ahí fijado en su memoria.
Te dicen «la belleza está en el interior», pero jamás intentarán embellecerte con buenos libros que hayan leído o con buenos saberes que hayan aprendido a lo largo de su experiencia vital. Te embellecerán con ropa bonita y maquillaje (si eres fémina).
Fin de la historia.
miércoles, 12 de junio de 2013
Era una tarde de invierano.
El verano se resistía a llegar. Los rayos de sol regalaban calidez con su roce, pero a medida que caía la tarde, el aire frío que corría se encargaba de arrebatarte todo atisbo de calor, obligándote a arrebujarte en tu chaqueta.
Una azotea con pufs, con un escenario y unos cuantos "vips" repartidos por el lugar, pero no me importaban, ni eran más especiales que quien se sentada a mi vera. Una oportunidad única y exclusiva traída en bandeja de plata y servida con reverencias.
Una hora en otra parte del mundo. En una parte en la que las preocupaciones, problemas y desgracias no pueden alcanzarte. Una hora evadida a la negrura. Una hora queriendo buscar tus manos y tus labios, ocupados con una cámara y concentración respectivamente, y conteniéndose.
Una canción de amor en nuestra lengua nativa que suena a foránea en labios de una extranjera. Una cadencia líquida como la melaza. Una música que nos acoge en su seno y hace latir al unísono los corazones. Se desliza suavemente entre melodías y compases y yo me deslizo entre ellos buscándote desesperadamente. Necesito encontrar tus labios para desfogar mi corazón de tan grande es lo que siento. No cuido ya de miradas ajenas, pues en ese preciso instante necesito rozar tus labios, necesito que sepas que, pese a ser una de tantas canciones que desconozco, me ha llegado al corazón. Mejor dicho, que me has llegado al corazón.
Necesito ese instante para tenerlo grabado a fuego en mi memoria. Para que sea mi consuelo en mis momentos flacos. Para que sepas cuantísimo te quiero. Para tenerlo, siempre que pierda el norte, como brújula.
Encuentro tus labios de soslayo, tu frente apoyada en mi cuello y en ese preciso momento, noto que hemos escapado a la vida. Porque aquí no nos alcanza.
viernes, 3 de mayo de 2013
Viajeros
En cada puerto, un beso.
En cada beso, un marino.
Por cada marino, una rosa
y por cada rosa, un destino.
En cada beso, un marino.
Por cada marino, una rosa
y por cada rosa, un destino.
martes, 12 de marzo de 2013
lunes, 11 de marzo de 2013
11 de marzo de 2004
Hoy es 11 de marzo.
Nueve años después seguimos sin saber qué mano negra accionó el detonador
que llamaría a la muerte para segar más de dos centenares de vidas. Doscientas
vidas arrancadas con violencia, grabando un mensaje de miedo en cada extremidad
que quedó huérfana por amputación en el suelo. Un mensaje de odio y violencia
que aún hoy rechina en la estación de Atocha y El Pozo cuando el tren pasa.
Un mensaje de odio y violencia injustificados, dirigido contra las abejas y
no contra las abejas reina. Unas mochilas que cargaban con odio en vez de con
cultura que lo mitigase. Unas mochilas que se llevaron por delante no solo a
los pasajeros, sino a todas las familias y allegados también. Ese día no
murieron doscientas personas. Murieron dos mil o tres mil contando con los que viven
muertos aún hoy día.
Pero ese día también renacieron otros cientos o miles. Ese día renacieron
todas los que llegaban tarde y perdieron ese tren que les convenía. Los que se
tiraron el café del desayuno encima por andar adormilados, a los que se les
olvidó algo y tuvieron que volver a por ello, a los que su mascota ese día les
hizo pis en la alfombra o jugó con los mandos del garaje hasta que les agotó
las pilas y no pudieron sacar el coche sin invertir el doble de tiempo.
Toda esa gente renació porque llegaron tarde y nunca llegaron. Parte de
ellos viajaba con los pasajeros que estallaron en pedazos con el tren. Parte de
ellos sentía que habían hecho un quiebro a la muerte. Habían ganado la lotería de la vida.
Ese 11 de marzo todo un país quedó a la escucha de la onda expansiva de terror. La ciudad de Madrid ofreció su carne y su sangre con voluntarios trabajando a base de sangre, sudor y lágrimas. Con carne que no volvería a ser la misma aunque ellos fueran vivos entre los muertos. Ofreció su sangre con donaciones de sangre.
Un esfuerzo demente por reparar lo irreparable.
Aún hoy solo queda una pregunta flotando como el fantasma de todos los ausentes. Una pregunta que recorre los andenes como un viento cálido y hace mirar con resquemor cualquier objeto perdido. Una pregunta que ha marcado una generación, una generación que ese fatídico día se olvidó de respirar mientras retransmitían a personas de mirada vidriosa y heridas múltiples, sentados, llorando, al lado de mantas reflectantes de las que asomaba un pie descalzo.
Mientras retransmitían el dolor de una sola pregunta: ¿por qué?.
viernes, 15 de febrero de 2013
Lupo
Llevaba días caminando. Sus pisadas ni iban ni venían de ningún lado. Eran tan sólo una sucesión de infinitas marcas personales que serían borradas con la caída de un nuevo manto blanco. El silencio era sobrecogedor. La nieve que recubría ese inhóspito desierto de hielo actuaba como un agujero negro, absorbiendo todo sonido de vegetación o vida y redoblando la sensación de muerte.
No perseguía un fin concreto atravesando el desierto de hielo. Era un viejo elefante que se apartaba de su mundo para abandonar el mundo de la misma manera en que entró en él: solo. Sus pies marcaban el rumbo con cansancio, esperando el momento en que uno fallara y ya no pudiera volver a levantar. Y quedara yaciendo sobre la nieve como una mancha de su inmaculada blancura.
Su aliento se congelaba en sus pestañas, empeñado en hacerle abandonar el mundo tal y como a él vino: ciego, el frío rigidificaba sus articulaciones y cada vez más, el calor abandonaba su cuerpo. Cayó pesadamente en la nieve con un ruido sordo que nada ni nadie oyó salvo los pinos y abetos circundantes. Su cabeza reposaba en la nieve, exenta de todo dolor o cansancio físico. Esperaba imperturbable que la muerte, como buena dama que era, le diera un último abrazo amoroso antes de llevárselo acunándolo en sus brazos guadaña en ristre.
Entonces lo vio acercarse desde su inmutabilidad. Se acercaba lentamente, con la cruz moviéndose al ritmo de sus pasos. Era el rey de aquel paraje. Con las orejas en ristre y el porte orgulloso hacía su entrada triunfal. Restos de sangre cubrían su hocico y cuello, un olor penetrante emanaba de él, tanto más intenso cuanto más cercano estaba.
La nieve empezaba a cubrir sus piernas con una capa de hielo fina como el azúcar glaseado. Su cerebro observaba con curiosidad lo que podría ser su causa de la muerte mientras su instinto de conservación mandaba señales de alerta roja para que se pusiera en movimiento.
Finalmente, ahí estaba. El aliento pestilente le golpeaba las fosas nasales y la cara como una racha de viento cálido y pútrido. Su mirada le estudiaba con cautela, unos ojos ambarinos que se clavaban en sus pupilas como dagas. El pelaje era pardo y grisáceo, tupido y lustroso como recién engrasado. Sus patas eran dignas de un oso y pisaban su capa con arrogancia. Su vida dependía de sus colmillos y garras y de cuanto hubiera pasado el gigantesco lobo sin catar una presa fresca, una presa con sangre aún corriendo por las venas cuando eran devoradas.
Sintió las oleadas de aliento que exhalaba el hocico del animal mientras olfateaba su cuerpo y le invadió una sensación a medio camino entre la tranquilidad de saber que iba a morir de cualquier manera y la desazón, por no saber si llegaría a tener que sentir el desmembramiento o no. Cerró los ojos cuando sintió el aliento en el cuello. Se aproximaba su fin. Su corazón empezó a latir con violencia y todo su cuerpo se puso en tensión sin que pudiera evitarlo, aguardando lo inevitable.
Sin embargo, su cuerpo fue lo suficientemente clemente para detener su corazón súbitamente y no dejarle apenas sentir como la bocaza del lobo, con sus imponentes colmillos, se abría y los dejaba relucir sobre la nieve antes de hundirse como agujas de hielo en su yugular. La vida se le escapó a borbotones dejando tan sólo su capa y una gigantesca mancha roja en su lugar. Vino solo a este mundo, vivió como un lobo solitario y ahora, un lobo solitario se cobraba su vida, como él se había cobrado otras tantas en el transcurrir de su vida.
Lupo era su nombre, y siempre había carecido de destino.
No perseguía un fin concreto atravesando el desierto de hielo. Era un viejo elefante que se apartaba de su mundo para abandonar el mundo de la misma manera en que entró en él: solo. Sus pies marcaban el rumbo con cansancio, esperando el momento en que uno fallara y ya no pudiera volver a levantar. Y quedara yaciendo sobre la nieve como una mancha de su inmaculada blancura.
Entonces lo vio acercarse desde su inmutabilidad. Se acercaba lentamente, con la cruz moviéndose al ritmo de sus pasos. Era el rey de aquel paraje. Con las orejas en ristre y el porte orgulloso hacía su entrada triunfal. Restos de sangre cubrían su hocico y cuello, un olor penetrante emanaba de él, tanto más intenso cuanto más cercano estaba.
La nieve empezaba a cubrir sus piernas con una capa de hielo fina como el azúcar glaseado. Su cerebro observaba con curiosidad lo que podría ser su causa de la muerte mientras su instinto de conservación mandaba señales de alerta roja para que se pusiera en movimiento.
Finalmente, ahí estaba. El aliento pestilente le golpeaba las fosas nasales y la cara como una racha de viento cálido y pútrido. Su mirada le estudiaba con cautela, unos ojos ambarinos que se clavaban en sus pupilas como dagas. El pelaje era pardo y grisáceo, tupido y lustroso como recién engrasado. Sus patas eran dignas de un oso y pisaban su capa con arrogancia. Su vida dependía de sus colmillos y garras y de cuanto hubiera pasado el gigantesco lobo sin catar una presa fresca, una presa con sangre aún corriendo por las venas cuando eran devoradas.
Sintió las oleadas de aliento que exhalaba el hocico del animal mientras olfateaba su cuerpo y le invadió una sensación a medio camino entre la tranquilidad de saber que iba a morir de cualquier manera y la desazón, por no saber si llegaría a tener que sentir el desmembramiento o no. Cerró los ojos cuando sintió el aliento en el cuello. Se aproximaba su fin. Su corazón empezó a latir con violencia y todo su cuerpo se puso en tensión sin que pudiera evitarlo, aguardando lo inevitable.
Sin embargo, su cuerpo fue lo suficientemente clemente para detener su corazón súbitamente y no dejarle apenas sentir como la bocaza del lobo, con sus imponentes colmillos, se abría y los dejaba relucir sobre la nieve antes de hundirse como agujas de hielo en su yugular. La vida se le escapó a borbotones dejando tan sólo su capa y una gigantesca mancha roja en su lugar. Vino solo a este mundo, vivió como un lobo solitario y ahora, un lobo solitario se cobraba su vida, como él se había cobrado otras tantas en el transcurrir de su vida.
Lupo era su nombre, y siempre había carecido de destino.
miércoles, 9 de enero de 2013
AAAARRRRRRGHHHHHHHH
Llevo unos días rumiando esta entrada. Llevo unos días como un volcán a punto de entrar en erupción. Todo por algo que debiera ser tan sencillo y elemental como cambiar de compañía. PUES NO. Esto es lo más parecido a cagarles en el felpudo a la panda de chorizos, timadores (y un par de calificativos que me ahorro para no ser repetitiva), aunque quisiera cagarles en la almohada.
La situación es más o menos la que sigue:
Mi contrato vence. Me llaman de distintas operadoras para ofrecerme renovar con ellos. Mi excompañía (R/Vobafone) me ofrece mantener mi tarifa tal cual y darme un terminal nuevo bastante mediocre, pero mejor que laputa mierda de blackberry. Decido que me convence y acepto. Voy a la tienda a completar la renovación. ¡Pero, oh, fatalidad! Tengo que cambiarme a su nueva mierda de tarifa (con 500 sms 'gratis' como 500 mierdas y un porrón menos de minutos) y además pagar un pastizal por el terminal si quiero el teléfono. JAJAJAJAJAJAJAJA.
Siguiente paso: Orange y su tarifa más parecida a la mía anterior. Me regalan un terminal (mejor), pago menos al mes y en menos de una semana tendría el terminal en mis manos. Ohhhhhh ¿es eso del horizonte el Edén...?
LOS COJONES.
Ahí comienza una guerra de llamadas en la que me llaman casi cada día ofreciéndome "ofertas" que me dan ganas de reír porque se piensan que soy gilipollas. Teleoperador@s más inútiles que la g de gnomo, más incapaces de mirar unas simples características de un teléfono que cualquier usuario medio y unas tarifas sencillamente incomprensibles y asombrosamente caras para la mierda que son. Me decido por Orange (Mierdistar/Movistar lo descarto de entrada por razones éticas) y Vobafone me llama en un desesperado intento por que me quede ¡ofreciéndome pagar diez euros más al mes y dándome un terminal que llevaría lo menos tres años de desfase!. Me río por no llorar y comienzo la portabilidad decidida a dejar atrás de una vez por todas el infierno que supone cambiar de compañía. Es cuando YA está comenzada cuando Vobafone vuelve a llamarme para ofrecerme lo que yo considero la tarifa ¡Nooooooooooo... no te vayaaaaaas! y decido que ya está bien de mamoneo y que les van a dar por saco por liantes y oscurantistas.
Todo queda cerrado y visto para sentencia y yo ya solo puedo ansiar el día en que llegue el teléfono y pueda almacenar como material de construcción la blackberry...
Me encuentro con que la portabilidad ha sido hecha a tiempo y en su fecha... Todo perfecto salvo por un pequeño detalle: NO TENGO NI EL TELÉFONO NI LA SIM EN MI PODER.
¿Y eso qué significa, Señorita Iracunda? Que estoy entre Pinto y Valdemoro con la putada adicional de que, además, estoy sin teléfono ni físico ni metafórico. Perfecto. Tras nada más y nada menos que dos viajes a la tienda y media hora colgada al teléfono (la vez que me lo cogieron de las tantas que llamé) consigo que me digan que, con suerte, mi teléfono llega mañana (al fin) y ellos se llevan una bonita hoja de reclamaciones (con la que muy probablemente se limpien el culo) con la que siento que al menos he ejercitado mi derecho a la pataleta ya que no puedo hacer nada más por joderles.
Así que ahí va un poquito de mi ira y de mi mierda aunque no os interese y mi más ferviente esperanza de que llegue mañana y no me dé una embolia de la ira.
¡¡¡Pudríos en el infierno, malditas!!!.
La situación es más o menos la que sigue:
Mi contrato vence. Me llaman de distintas operadoras para ofrecerme renovar con ellos. Mi excompañía (R/Vobafone) me ofrece mantener mi tarifa tal cual y darme un terminal nuevo bastante mediocre, pero mejor que la
Siguiente paso: Orange y su tarifa más parecida a la mía anterior. Me regalan un terminal (mejor), pago menos al mes y en menos de una semana tendría el terminal en mis manos. Ohhhhhh ¿es eso del horizonte el Edén...?
LOS COJONES.
Ahí comienza una guerra de llamadas en la que me llaman casi cada día ofreciéndome "ofertas" que me dan ganas de reír porque se piensan que soy gilipollas. Teleoperador@s más inútiles que la g de gnomo, más incapaces de mirar unas simples características de un teléfono que cualquier usuario medio y unas tarifas sencillamente incomprensibles y asombrosamente caras para la mierda que son. Me decido por Orange (Mierdistar/Movistar lo descarto de entrada por razones éticas) y Vobafone me llama en un desesperado intento por que me quede ¡ofreciéndome pagar diez euros más al mes y dándome un terminal que llevaría lo menos tres años de desfase!. Me río por no llorar y comienzo la portabilidad decidida a dejar atrás de una vez por todas el infierno que supone cambiar de compañía. Es cuando YA está comenzada cuando Vobafone vuelve a llamarme para ofrecerme lo que yo considero la tarifa ¡Nooooooooooo... no te vayaaaaaas! y decido que ya está bien de mamoneo y que les van a dar por saco por liantes y oscurantistas.
Todo queda cerrado y visto para sentencia y yo ya solo puedo ansiar el día en que llegue el teléfono y pueda almacenar como material de construcción la blackberry...
Me encuentro con que la portabilidad ha sido hecha a tiempo y en su fecha... Todo perfecto salvo por un pequeño detalle: NO TENGO NI EL TELÉFONO NI LA SIM EN MI PODER.
¡¡¡Pudríos en el infierno, malditas!!!.
lunes, 7 de enero de 2013
Situaciones típico/tópicas del homosexual (III)
Número 4 o «Estoy de acuerdo siempre y cuando no sea en público»
¿DOBLE RASERO? ¿DÓNDE?
Sí, amigos bloggeros, esta es una respuesta no tan infrecuente cuando se le pregunta a una persona de a pie si está a favor o en contra de la homosexualidad (por otro lado... algo tan absurdo como estar en contra de que salga la Luna).
Esta situación es especialmente hilarante cuando el interlocutor en cuestión desconoce que uno o más integrantes de la conversación que está teniendo lugar es homosexual/bisexual. Sale el tema de refilón y se deja caer la pregunta «¿Y tú, qué opinas de los gais?» (¿Hola? ¡Las lesbianas existimos!).
Entonces, con total naturalidad y absoluto desparpajo, sobre todo si tu interlocutor tiene de treinta y pico 'p'arriba' te dará la susodicha respuesta. Y a ti se te quedará el doble rasero incrustado en donde no luce el sol con una pregunta que te comerá por dentro: ¿Y por qué cojones es lícito que una pareja hetero se dé el lote a todo meter casi donde y cuando quiera y no se les mira mal?. Que, digo yo, que con eso del igualitarismo que propugnamos, lo coherente debiera ser que o todos o ninguno, eh. Que si el amor es ofensivo lo es en todas las variantes de dicho sentimiento.
Lo mejor de esto es que se quedan tan 'oreaos' tras soltar la frasecita. Puedes reírte internamente, intentar convencer o hacer gala de un pasotismo extremo típicamente español.
Número 5 o «Astillas de estupidez»
Me temo que esta es una pregunta bastante común «¿Quién es el 'hombre' y quién la 'mujer'?». Queridos ignorantes del mundo, ahí va una revelación: si eres lesbiana es porque eres mujer y te gustan otras mujeres; si eres gay es porque eres hombre y te gustan los hombres. De ser de otro modo sería porque te consideres transexual, intersexual o vaya usted a saber. Es decir, dos mujeres o dos hombres en una relación que se quieren y aceptan como hombres y mujeres respectivamente y punto. Si hablamos de los roles y comportamientos esperados de un hombre o una mujer (cosa que es arbitraria y no decidido por la sociedad sino impuesta inconscientemente) es otra historia.
Conclusión: pregunta a unos palillos chinos quien es el tenedor y quien la cuchara.
Número 6 o «Me voy a hacer bollera»
¿Quién no ha pasado por esta cómica situación? Uno está hablando con una amiga que sufre/ha sufrido un fuerte desengaño amoroso recientemente y en medio de la llorera-histeria-ira, suelta la frasecita. Parece ser que no encuentra mejor salida para su despecho que la homosexualidad... ¿En serio?. ¿De verdad la gente se cree que uno "se hace" gay/les/bi como si se chasqueasen los dedos? ¿Que por estar con alguien de tu mismo sexo las cosas son más fáciles o todo es un camino empedrado con gominola y pétalos de flores y unicornios bailando la macarena?
Queridas amigas heterosexuales, ERROR. Si de por sí sabemos lo complicadas que somos las mujeres (en la mayoría de los casos)... ¿dos juntas? ¡Equivalente a complicación al cuadrado! ¡Sin olvidar dos menstruaciones juntas y-o simultáneas! ¡¡¡SSSSÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ!!!
Y eso por no hablar del incómodo hecho de que abandonarás la cómoda heterosexualidad para incursionar en el mundo de los cuchicheos y los correveidiles que llevarán la nueva. (Gais de mi corazón, suponiendo que alguno lo lea, no os sintáis discriminados, pero no puedo hablar de algo que no conozco sin ponerme en ridículo y no quiero ofender con suposiciones desacertadas).
Así que, si 'eliges' ser bóller, te toca repetir pantalla y vivir la adolescencia y sus hormonas, sus montañas rusas emocionales, su no atreverse/poder presentar a la novia... y contarles a tus progenitores algo tan sencillo como que quieres a alguien. Hale, ¿te animarías o implosionarías? Voto por lo segundo, y si no lo harías, al menos no lo hagas porque puedes romper un corazón ajeno a tus pajas mentales.
viernes, 4 de enero de 2013
Descripciones (I)
El arpón atrapa sueños
Es calificado
como objeto decorativo mientras adorna una balda de salón. Mide no más de
veinte centímetros de largo, con tres de grosor y un estrechamiento progresivo
que llega hasta el pico curvo, diseñado para aferrarse al objetivo y no
soltarle. En este arpón, el pico tiene dientes de sierra que hacen patente esta
finalidad.
Habitualmente,
está compuesto por dos partes: un mango de hueso tallado a partir del fémur de
una pantera y una flecha hecha de platino. En este arpón, además de estar
rematada en sierra la flecha, tiene ribetes plateados que configuran
filigranas a lo largo y ancho del mango. El hueso está tallado con relieves de
espumas marinas, tritones, sirenas y peces casi en su totalidad. El lugar
honorífico del mango está ocupado por Poseidón, dios griego del mar, tallado
con todos los detalles imaginables. La
flecha no tiene un color definido, es iridiscente y cambia de color con los
cambios de luz.
Puede ser usado por cualquier persona, sin distinción de razas, sexos o sexo con
el que se acuesten. Dejar fuera del alcance de niños menores de doce años; su
uso inadecuado puede producir lesiones. Empléese preferentemente cuando el
durmiente se encuentre en fase de sueño profundo, cuidando de acertar al sueño
y no al yaciente accidentalmente.
Láncese
contra la neblina onírica que flote en el entorno del durmiente, recoja el
arpón cuidando de no desgarrar el sueño al desincrustarlo de los dientes de
sierra e introdúzcalo en una botella. Respire el sueño de la botella para
repetirlo. Precaución, los sueños excesivamente desgastados
causan intoxicación leve.
Decoración exótica
Parecía un
simple objeto de decoración que cogía polvo en la balda del salón. Alargado
como un pequeño machete, con un estrechamiento gradual que desembocaba en un pico
curvado y unos dientes de sierra afilados, pero exquisitamente delicados, que lo
convertían en un objeto ciertamente deslumbrante. Es evidente que los dientes
sirven a una finalidad obvia —no soltar la presa—, pero me preguntaba qué
podían aferrar en un hábitat tan poco propicio a la caza.
Lo examiné
muy atentamente y descubrí que no era un todo como había imaginado, sino que
tenía una minúscula juntura entre el mango y la flecha. La flecha, a mi
inexperto ojo, parecía hecha de platino y su superficie refulgía y cambiaba de
color con cada rayo de luz que recibía. Era, sin duda alguna, el objeto más
bello que había contemplado.
Impresión que
se vio reforzada al contemplar el mango. Presumiblemente hecho de hueso, estaba
tallado con relieves en su totalidad. Eran de lo más variopintos, desde espuma
de olas —rotas— con regusto de amargura pasando por tritones, sirenas y peces
que inspiraban libertad. Todo ello sazonado con unos preciosos ribetes
plateados que tejían filigranas entre los seres marinos. Tuve que rotar el
arpón un poco para poder observar al Poseidón que estaba tallado en el lugar
honorífico del mango. Era una figura tan exquisitamente tallada que podía
sentir como sus mudos ojos me traspasaban, me imbuían de un regusto de poder
más antiguo que el propio tiempo. Y me hizo recordar la utilidad de tan
particular objeto: cazar sueños para poder volver a soñarlos.
Ningún
requisito para atrapar sueños salvo puntería y madurez para ello. Tan
gelatinosos como los peces y tan difíciles de pescar como estos. Tan fácilmente
almacenables y tan fácilmente corrompibles e intoxicantes como sus escamas. Por
eso tenía semejantes dientes el arpón, para retenerlos bien fuerte.
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